MONSTRUO
Todos los seres humanos alguna vez nos hemos visto en un espejo, hemos visto nuestro rostro y nuestro cuerpo, sabemos que nuestra sombra siempre nos sigue a donde quiera que vayamos, pero también sabemos que nos abandona al tocar la oscuridad, aparentemente nos conocemos y sabemos mucho de nosotros, aunque en realidad, al paso del tiempo nos olvidamos de muchas cosas, hasta de nosotros mismos muy fácilmente.
Imaginemos por un instante que dentro de nuestro pensamiento vive algo mágico, una fuerza extraña que hace que seamos diferentes cada día de nuestra vida, una especie de subconsciente manipulada por algo no tan alejado ni ajeno a nosotros mismos.
Desde pequeños, siempre hemos escuchado hablar de los Monstruos, algunos viven en los bosques, otros debajo de la cama y unos más, mucho más cerca de lo que imaginamos, tan cerca que podría estar leyendo detrás de donde estas, o más cerca aún, tal vez este dentro de ti.
Probablemente todos nacemos con un Monstruo dentro, basta con pensar por ejemplo: quizás te costó mucho trabajo aprender a nadar, mientras que a otra persona sin necesidad de enseñarle lo hace mejor que tú, así como a la mayoría de las personas les gusta la mayonesa, pero a otras no; a muchos les puede gustar un color determinado, mientras que ese color a otros les molesta, y es que tiene que ver con el monstruo de cada quien, porque al igual que tú, desarrolla gustos y habilidades que algunas veces no comparte contigo, de ahí viene entonces el cambio de humor repentino, la indecisión de tomar un café frio o caliente, o simplemente la explicación de por qué nacemos para algo en específico, pintor, dibujante, bombero, luchador, cocinero…
¿Cuando eras niño nunca platicabas con tu amigo imaginario, riendo frente al espejo, dibujando y decorando las paredes de cosas que nadie había visto, de figuras escurridizas y fantasmales, de colores infinitos y formas especiales las cuales eran de creación pura?
O solo quizá te pase como a mí, no recuerdo mucho mi infancia, tal vez la memoria de todos omite la parte en donde hacíamos todo eso, para guardar un secreto universal.
Existen, según los expertos (niños) una cantidad infinita de ellos, algunos son muy grandes de color verde, otros morados con dientes afilados, unos más pueden ser amarillos con ojos pequeños y pies enormes, se alimentan de emociones y sentimientos, así como de miedos y fortalezas, también podemos encontrar a unos enojones y gruñones pero por qué no, unos muy simpáticos y amables, lo único cierto es que se debe tener mucho cuidado con ellos porque después de cierta edad, algunos se desaparecen de la nada, algunos se aferran a tu cuerpo y viven a tu lado por siempre y otros por temor a ser olvidados, salen de tu cuerpo para encontrar un escondite bajo la cama o peor aún, convirtiéndose en una pesadilla.
Pasaba justamente frente a un consultorio dental, tapizado de cristales reflejantes que no dejaban ver lo que había detrás de ellos, mi mente estaba tomada por la preocupación y desesperación que apenas y pude notar mi sombra, no era mi silueta, ni mi cuerpo, era algo más grande que yo y mucho más corpulento, subí la mirada poco a poco y encontré mi propio reflejo, lleno de pelo color rojizo, pies enormes que llegaban aproximadamente a un metro de distancia, mi pecho era azulado y mi rostro, si así le puedo llamar, una especie de máscara antigua con unos ojos gigantescos y una enorme sonrisa.
A partir de ese momento jamás volví a verme así, todo lo contrario, comencé a despertarme mal humorado, sin tantas fuerzas como antes, pero sobre todo muy intrigado por lo que hace algunos meses había visto, esa fue la principal razón para investigar sobre todo ello.
La primera pista que encontré fue en el Museo de Antigüedades, máscaras con figuras muy extrañas pintadas con colores cirquenses y moldeadas aparentemente con mucho tiempo de trabajo.
En la placa decía lo siguiente:
- Mascaras en representación de los sueños
(Libro de los Monstruos siglo XV)
(Libro de los Monstruos siglo XV)
Ahora ya tenía una idea más clara, El libro de los Monstruos sería mi próxima visita porque esa cita a pesar de ser del siglo quince, debería tener una copia o alguna pista que pueda ayudarme a encontrar más respuestas de lo que me ha tenido sin sueño durante varias noches.
Efectivamente, el museo contaba con una copia del texto, pero como uno de los guías era un buen amigo mío no hubo tanto problema para conseguirla. –Una sola hoja es lo que queda de ese maravilloso libro – dijo él.
- La historia nos dice que desde tiempos memorables existió otro mundo, un mundo en el que los niños crecían muy tarde y los ancianos casi nunca envejecían, donde existían otros seres que para sobrevivir necesitaban de nosotros, de nuestro cuerpo entero, eran, como dicen ahora, un tipo de cuidadores, que solo los niños podían ver y hasta hablar con ellos, su mente era tan pura que los Monstruos se dejaban ver, pero había un problema, empezaron a desaparecer cuando los niños se convertían en hombres.
La copia de la hoja tenía un dibujo que apenas se podía notar y unas cuantas palabras con una caligrafía no tan buena que explicaban el momento preciso en que un Monstruo sale del cuerpo de alguien y se desvanece entre su propia sombra, ahí lo describen como un fantasma, pero para esa época eran cosas que no se podían hablar ni pensar siquiera porque tenían relación con otro mundo espiritual y las personas eran acusadas de brujería y hechicería.
Entonces supongo que, si las personas a cierta edad su Monstro les abandonaba, como era posible que lo escribieran, como era posible que lo dibujaran, o acaso, sería un niño quien la escribió, ¿a qué se referían cuando decían que los niños crecían muy tarde y los ancianos casi nunca envejecían?
Ahora eran más preguntas que respuestas, salí del museo pensativo y muy preocupado por tantas coincidencias entre el pasado y el presente, la semejanza entre lo que viví y lo que vivió ese niño muchos años atrás, era divertido pensar en cómo pasaron los hechos pero también muy cansado, el cerebro también se cansa de pensar.
Llegando a casa prendí la tele, cosa que nunca hacía, la mayoría de mi tiempo libre eran los libros y el parque, en ese momento estaba pasando un reportaje que hablaba de los procesos de desarrollo en la infancia y escuche algo que me dejo congelado, la mayoría de los niños ya no tiene amigos imaginarios, ya no dibuja cosas “raras” sino prediseñadas gracias a la televisión e internet.
Entonces comencé a pensar nuevamente, hace muchos años no existía nada de esto, y comprendí esa frase, era verdad que los niños no crecían, pero era a causa de su creatividad infinita, esa percepción única de las cosas que solo los niños tienen, y las personas mayores no envejecían por que vivían más felices, pero ahora cuando creces y eres mayor, no piensas en juegos, ni en cosas imaginarias, sino en las preocupaciones diarias, en la paranoia de las noticias y del fin del mundo, tu mente se infecta y es ahí donde se pierde la conexión con algunas cosas más simples como la felicidad y las sonrisas.
Aun no sé porqué ese día me toco ver a mi Monstruo, a veces lo extraño porque sin querer formaba parte de mi vida, recuerdo cuando me llegaba a enamorar a primera vista jajaja vaya cosa, no era eso a lo que llaman amor a primera vista, yo le diría amor a Monstruosa vista, tal vez nos guste alguien sin saber por qué y es que nuestros Monstruos también se enamoran al igual que nosotros y de ahí la inexplicable sensación de estar cerca de una persona aunque muchas de las veces no lo podamos entender, eso mismo pasa cuando nos gusta mucho un color, o cuando tenemos miedo de algo que para otros sea una burla, pero pensándolo bien, no estamos solos, siempre tenemos algo dentro de nosotros que nos hace diferentes entre sí, únicos entre todos los demás, la pregunta es:
¿Qué tipo de monstruo tienes tú?
Calleja Vargas Enrique

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